Apuntes acerca del
"Pensamiento crítico, ético y pedagógico"
en las obras de Carlos Vaz Ferreira
(1872-1958)
Al conmemorarse 50 años del
fallecimiento del destacado filósofo, sociólogo, abogado y pedagogo uruguayo
C.V.F, las salas de Epistemología, Pedagogía, Filosofía de la Educación,
consideran importante evocar aspectos fundamentales de su pensamiento, así como
invitar a la reflexión sobre la vigencia del mismo. A tales efectos de su vasta
y rica producción queremos recuperar tres aspectos referidos a: 1. Su
Pensamiento Crítico (Profa. Adriana Seijas), y 2. Su Pensamiento Ético (Prof.
Favio Vitancurt) y 3. Su Pensamiento Pedagógico (Mtra. Verónica Amaral).
1.
Acerca de su PENSAMIENTO CRÍTICO: Profa.
Adriana Seijas.
Promoviendo
el pensamiento crítico en nuestro país…
Carlos
Vaz Ferreira: Pensador independiente.
¿Le ofrece ventajas al hombre como ser individual
y colectivo, pensar desde una perspectiva crítica–reflexiva?
Esbozaré
brevemente un análisis del pensamiento de Carlos Vaz. Ferreira, que nos ayudará
a reflexionar y abrir la discusión sobre el problema planteado.
A
Carlos V. F. lo podemos ubicar dentro del movimiento filosófico en una posición
intermedia entre el positivismo y el intuicionismo, más cerca del primero que
de este último. Fue un libre continuador de la escuela empirista inglesa y se
distinguió del profesor común de filosofía
por su originalidad.
Más
que una nueva visión de la filosofía, nos aporta una perspectiva crítica,
independiente, abierta, tolerante, hacia una sociedad cada vez más diversa y
compleja.
Opuesto
a toda postura dogmática, acrítica, él filosofo socrático que late en él, lo
llevó a defender el saber por el saber mismo; el saber desinteresado.
Un
claro ejemplo, de ello es su esfuerzo por más de treinta años de implementar en
nuestro país la “Facultad de Humanidades y Ciencias” y los aportes a la educación
Nacional. Su claro ideal humanista se refleja tanto en su obra como en su
accionar.
Influenciado
entre otros por el pensamiento del filósofo moderno Emmanuel Kant, promueve el
pensar autónomo, el pensar extensivo y el pensar consecuente; principios que se
refieren al pensar por uno mismo, libre de todo prejuicio; al pensar en el
lugar del otro y pensar siempre de acuerdo consigo mismo. Este principio es el
más difícil de alcanzar, se puede lograr a través de la unión de los dos
primeros y para ello se necesita una fuerte y reiterada aplicación.
Con
la puesta en práctica de dichos principios, se logrará que el hombre ante cada
circunstancia que se le presente, sea capaz de analizar, reflexionar,
deliberar, discutir y decidir de acuerdo a su saber y entender, no permitiendo
y evitando toda forma de manipulación.
En
su obra “Lógica Viva” se dedica a mostrar con análisis y ejemplos las falacias
en que se fundan siempre los sistemas. Se dirige a combatir todos los sistemas
o mejor dicho al espíritu de sistematización por ser la causa de la mayoría de
las equivocaciones tanto a nivel teórico como práctico.
La
postura que promueve sujetos autónomos, capaces
de decidir por si mismos, provoca un estado de incertidumbre e
inseguridad al dejarlos privado de principios y reglas para enfrentar y superar
los obstáculos que se le presenten en su vida.
Si
bien en ocasiones parece más fácil, más cómodo, que otros piensen por él[1], debido a que todo está
determinado, el hombre en estas circunstancias no se compromete, no se
responsabiliza de sus actos. El problema se presenta al ser consciente de que
si el hombre no piensa por sí mismo, siempre habrá quien lo haga por él.
Se
tiene que pensar considerando, reflexionando sobre todas las ideas no
descartando ninguna: “(…) de esta manera pensamos con justeza; pensamos con
muchas ideas, equilibrándolas según los casos; queda, diremos una especie de
juego libre de las ideas; funcionan todas; predominando a veces una, a veces
otra: a veces una no debe ser tenida en cuenta
y desaparece; a veces otra debe predominar y la tendremos en cuenta a
ella sola; las ideas juegan y se combinan”[2].
Así
se promoverá el enseñar a pensar críticamente y se defenderá uno de los principios varelianos: la
laicidad, que consiste en incluir y no excluir las ideas, para poder indagar en
el pro y el contra de las alternativas que se presenten, así se ayudará a construir un sujeto que
responda a sus necesidades, intereses, valores y proyectos.
El
pensar por sistemas, crea
argumentos falsos, impidiendo que
la parte de verdad que contienen pueda ser reconocida y aprovechada. Por ello
propone pensar “reservando nuestra idea.
Cuando se presenten los casos y sin perjuicio de algunas reglas generales, que
no habrán de ser demasiado geométricas, tendremos en cuenta nuestra idea”[3].
Su
posición filosófica abierta y reflexiva es para su época histórica un avance muy importante.
Presenta
un modo de pensar que es más que una teoría, más que un método o una posición
epistemológica. Su enseñanza está centrada no en una filosofía sino en un
espíritu de la enseñanza; valorando más que lo que se piensa, como se lo
piensa.
Invita
el pensamiento de Vaz Ferreira a utilizar la
crítica, el aprendizaje basado en problemas y a elaborar conclusiones
propias, contextualizadas. Para pensar sobre los problemas reales y concretos,
no se tiene que retirar el hombre del mundo por el contrario tiene que ser y
sentirse parte del mismo.
El
desafío de la educación actual consiste en
promover hombres capaces de dar respuestas críticas y creativas, para
formar una sociedad auténtica, original y sobre todas las cosas libre.
Que
sean conscientes de sus limitaciones cognitivas, es decir, de su ignorancia. Humildes
al reconocer que no se posee el monopolio de la verdad. La verdad será siempre
algo que se busca, no hay verdades absolutas. Aunque se conozca mucho, se debe
comprender que ello es insignificante frente al saber total. Por esto la
búsqueda del conocimiento se convierte en una invitación permanente.
Bibliografía
Matto, Carlos. Pensamiento
Uruguayo: La época de Carlos Vaz. Ferreira. Editorial Roca Viva. Montevideo.1991
Obiols,
Guillermo y Di Segni de Obiols, Silvia. Adolescencia y Posmodernidad, Escuela Secundaria.
La crisis de la enseñanza media. Editorial Kapelusz, Bs. As.
Vaz Ferreira, Carlos. Fermentario.
Editorial Losada S.A. Bs. As, 1962.
Vaz Ferreira, Carlos. Lógica
Viva. Editorial losada S.A, Bs.As. 1962
Vaz Ferreira, Carlos. Lecciones de pedagogía y
cuestiones de enseñanza. Obras homenaje de la Cámara de Representantes de la República Oriental
del Uruguay. Montevideo.1957.
2. Acerca de su PENSAMIENTO ÉTICO: Prof. Favio G.
Vitancurt.
Intento sintetizar y destacar, en
apretadas líneas, el problema de "los fundamentos de la moral" -por
cierto: complejo- en Carlos V. F., y una cuestión -que no desarrollo por
razones de espacio-: citas sobre “la moralidad del funcionario público”.
2.1. Concepto de moralidad y fundamento
de la misma.
Refiriéndose al “problema de los
fundamentos de la moral”[4], en
"Fermentario": capítulo "Principios", es allí donde
confiesa: "Yo nunca he podido teóricamente resolver de manera bien
satisfactoria esto". De manera explícita señala nuestro filósofo no poseer
un sistema explicativo de la moralidad. Insiste reiteradamente en la necesidad
de integrar los distintos fundamentos que cada sistema moral ha puesto en su
base, para evitar la unilateralización falseante. Es preciso entonces, según
él, restituir la pluralidad y complejidad propia de lo real.
Por un lado, sobre este tema de
plurales fundamentos: confiesa sus dudas, oscilaciones y su vacilación
teórica, la cual se aprecia, en la necesidad de dejar abierto el problema, para
integrar de una manera viva las distintas direcciones morales, para proyectarse
en una acción más fecunda, y más buena. Por ejemplo: plantea en “Moral para
Intelectuales” el problema de los fundamentos como problema de los
sentimientos que se suponen en la base de la actitud moral. Sugiere: a los
planteos de Guyau y de Nietzsche la integración de los distintos sentimientos,
tener en cuenta uno y otro, no moverse en el campo estrecho de las
sistematizaciones “que nos cristalizan el espíritu, nos quitan la movilidad, la
plasticidad que caracteriza la vida y la progresividad intelectual y moral”[5]. La gran mayoría de los
sistemas morales han puesto en la base de ésta un tipo de sentimientos, con
olvido de los otros, he allí sus errores. En la “Lógica Viva”, se hace más
explícito este núcleo de ideas. “La moral ha sido hecha hasta ahora por
sistemas cerrados, cada uno de los cuales se ha condenado a no tener
en cuenta más que
uno solo de los factores posibles de la conducta”. Para unos será la simpatía,
para otros el placer, o la utilidad colectiva, o el progreso. Para Vaz Ferreira
en cambio, todos esos factores, y otros muchos más, tienen valor. El hombre
sobre la tierra tiene que tener en cuenta el placer, la utilidad, el progreso, etc.,
y aún “las hipótesis, posibilidades o esperanzas que se relacionan con lo
desconocido”.
Por otro lado, es notoria la ambigüedad
del término fundamentos, que no es casual sino derivada de la índole misma de
la ética. Al hablar de “fundamentos” Vaz Ferreira da a entender que habla de
los sistemas de los modos de interpretar las raíces de la actitud moral;
por otro lado, desplaza la significación de “fundamentos” a la de móviles
efectivos de la acción moral. Es en el capítulo “Principios” de “Fermentario”
donde Vaz Ferreira va a hacer frente al problema teórico del fundamento de la
moral. Se enfrenta allí dos posiciones: la
que entiende necesario formar clases de actos para valuar cada uno de ellos
y la que prescinde de toda clasificación
y funda una moral solo por el fin buscado. Analizando y rechazando esta
segunda posición, Vaz Ferreira muestra sus diferencias con respecto a los
utilitaristas empíricos, que
examinaban cada acto teniendo en cuenta las consecuencias favorables o
no para el placer o para la utilidad.
Se separa, además, con respecto a las
morales del sentimiento, es decir a aquellas interpretaciones que reducen
la ética a ontología, el deber ser, a impulsiones pre-existentes en el
espíritu. Esquematizando diríamos: que el empirismo reduce el
deber ser al ser, en tanto que en
Vaz Ferreira se ubica el deber ser, en el ser del hombre. La distancia
con las morales de la trascendencia, de la norma o el valor persiste por
cuanto en éstas se da un dualismo entre deber ser y ser.
Para superar este sofisma distingue Vaz Ferreira los principios convertibles de los
inconvertibles. Apuntes acerca del
"Pensamiento crítico, ético y pedagógico"
en las obras de Carlos Vaz Ferreira
(1872-1958)
Al conmemorarse 50 años del
fallecimiento del destacado filósofo, sociólogo, abogado y pedagogo uruguayo
C.V.F, las salas de Epistemología, Pedagogía, Filosofía de la Educación,
consideran importante evocar aspectos fundamentales de su pensamiento, así como
invitar a la reflexión sobre la vigencia del mismo. A tales efectos de su vasta
y rica producción queremos recuperar tres aspectos referidos a: 1. Su
Pensamiento Crítico (Profa. Adriana Seijas), y 2. Su Pensamiento Ético (Prof.
Favio Vitancurt) y 3. Su Pensamiento Pedagógico (Mtra. Verónica Amaral).
3.
Acerca de su PENSAMIENTO CRÍTICO: Profa.
Adriana Seijas.
Promoviendo
el pensamiento crítico en nuestro país…
Carlos
Vaz Ferreira: Pensador independiente.
¿Le ofrece ventajas al hombre como ser individual
y colectivo, pensar desde una perspectiva crítica–reflexiva?
Esbozaré
brevemente un análisis del pensamiento de Carlos Vaz. Ferreira, que nos ayudará
a reflexionar y abrir la discusión sobre el problema planteado.
A
Carlos V. F. lo podemos ubicar dentro del movimiento filosófico en una posición
intermedia entre el positivismo y el intuicionismo, más cerca del primero que
de este último. Fue un libre continuador de la escuela empirista inglesa y se
distinguió del profesor común de filosofía
por su originalidad.
Más
que una nueva visión de la filosofía, nos aporta una perspectiva crítica,
independiente, abierta, tolerante, hacia una sociedad cada vez más diversa y
compleja.
Opuesto
a toda postura dogmática, acrítica, él filosofo socrático que late en él, lo
llevó a defender el saber por el saber mismo; el saber desinteresado.
Un
claro ejemplo, de ello es su esfuerzo por más de treinta años de implementar en
nuestro país la “Facultad de Humanidades y Ciencias” y los aportes a la educación
Nacional. Su claro ideal humanista se refleja tanto en su obra como en su
accionar.
Influenciado
entre otros por el pensamiento del filósofo moderno Emmanuel Kant, promueve el
pensar autónomo, el pensar extensivo y el pensar consecuente; principios que se
refieren al pensar por uno mismo, libre de todo prejuicio; al pensar en el
lugar del otro y pensar siempre de acuerdo consigo mismo. Este principio es el
más difícil de alcanzar, se puede lograr a través de la unión de los dos
primeros y para ello se necesita una fuerte y reiterada aplicación.
Con
la puesta en práctica de dichos principios, se logrará que el hombre ante cada
circunstancia que se le presente, sea capaz de analizar, reflexionar,
deliberar, discutir y decidir de acuerdo a su saber y entender, no permitiendo
y evitando toda forma de manipulación.
En
su obra “Lógica Viva” se dedica a mostrar con análisis y ejemplos las falacias
en que se fundan siempre los sistemas. Se dirige a combatir todos los sistemas
o mejor dicho al espíritu de sistematización por ser la causa de la mayoría de
las equivocaciones tanto a nivel teórico como práctico.
La
postura que promueve sujetos autónomos, capaces
de decidir por si mismos, provoca un estado de incertidumbre e
inseguridad al dejarlos privado de principios y reglas para enfrentar y superar
los obstáculos que se le presenten en su vida.
Si
bien en ocasiones parece más fácil, más cómodo, que otros piensen por él[6],
debido a que todo está determinado, el hombre en estas circunstancias no se
compromete, no se responsabiliza de sus actos. El problema se presenta al ser consciente
de que si el hombre no piensa por si mismo, siempre habrá quien lo haga por él.
Se
tiene que pensar considerando, reflexionando sobre todas las ideas no
descartando ninguna: “(…) de esta manera pensamos con justeza; pensamos con
muchas ideas, equilibrándolas según los casos; queda, diremos una especie de
juego libre de las ideas; funcionan todas; predominando a veces una, a veces
otra: a veces una no debe ser tenida en cuenta
y desaparece; a veces otra debe predominar y la tendremos en cuenta a
ella sola; las ideas juegan y se combinan”[7].
Así
se promoverá el enseñar a pensar críticamente y se defenderá uno de los principios varelianos: la
laicidad, que consiste en incluir y no excluir las ideas, para poder indagar en
el pro y el contra de las alternativas que se presenten, así se ayudará a construir un sujeto que
responda a sus necesidades, intereses, valores y proyectos.
El
pensar por sistemas, crea
argumentos falsos, impidiendo que
la parte de verdad que contienen pueda ser reconocida y aprovechada. Por ello
propone pensar “reservando nuestra idea.
Cuando se presenten los casos y sin perjuicio de algunas reglas generales, que
no habrán de ser demasiado geométricas, tendremos en cuenta nuestra idea”[8].
Su
posición filosófica abierta y reflexiva es para su época histórica un avance muy importante.
Presenta
un modo de pensar que es más que una teoría, más que un método o una posición
epistemológica. Su enseñanza está centrada no en una filosofía sino en un
espíritu de la enseñanza; valorando más que lo que se piensa, como se lo
piensa.
Invita
el pensamiento de Vaz Ferreira a utilizar la
crítica, el aprendizaje basado en problemas y a elaborar conclusiones
propias, contextualizadas. Para pensar sobre los problemas reales y concretos,
no se tiene que retirar el hombre del mundo por el contrario tiene que ser y
sentirse parte del mismo.
El
desafío de la educación actual consiste en
promover hombres capaces de dar respuestas críticas y creativas, para
formar una sociedad auténtica, original y sobre todas las cosas libre.
Que
sean conscientes de sus limitaciones cognitivas, es decir, de su ignorancia. Humildes
al reconocer que no se posee el monopolio de la verdad. La verdad será siempre
algo que se busca, no hay verdades absolutas. Aunque se conozca mucho, se debe
comprender que ello es insignificante frente al saber total. Por esto la
búsqueda del conocimiento se convierte en una invitación permanente.
Bibliografía
Matto, Carlos. Pensamiento
Uruguayo: La época de Carlos Vaz. Ferreira. Editorial Roca Viva. Montevideo.1991
Obiols,
Guillermo y Di Segni de Obiols, Silvia. Adolescencia y Posmodernidad, Escuela Secundaria.
La crisis de la enseñanza media. Editorial Kapelusz, Bs. As.
Vaz Ferreira, Carlos. Fermentario.
Editorial Losada S.A. Bs. As,1962.
Vaz Ferreira, Carlos. Lógica
Viva. Editorial losada S.A, Bs.As. 1962
Vaz Ferreira, Carlos. Lecciones de pedagogía y
cuestiones de enseñanza. Obras homenaje de la Cámara de Representantes de la República Oriental
del Uruguay. Montevideo.1957.
4. Acerca de su PENSAMIENTO ÉTICO: Prof. Favio G.
Vitancurt.
Intento sintetizar y destacar, en
apretadas líneas, el problema de "los fundamentos de la moral" -por
cierto: complejo- en Carlos V. F., y una cuestión -que no desarrollo por
razones de espacio-: citas sobre “la moralidad del funcionario público”.
2.1. Concepto de moralidad y fundamento
de la misma.
Refiriéndose al “problema de los
fundamentos de la moral”[9],
en "Fermentario": capítulo "Principios", es allí donde
confiesa: "Yo nunca he podido teóricamente resolver de manera bien
satisfactoria esto". De manera explícita señala nuestro filósofo no poseer
un sistema explicativo de la moralidad. Insiste reiteradamente en la necesidad
de integrar los distintos fundamentos que cada sistema moral ha puesto en su
base, para evitar la unilateralización falseante. Es preciso entonces, según
él, restituir la pluralidad y complejidad propia de lo real.
Por un lado, sobre este tema de
plurales fundamentos: confiesa sus dudas, oscilaciones y su vacilación
teórica, la cual se aprecia, en la necesidad de dejar abierto el problema, para
integrar de una manera viva las distintas direcciones morales, para proyectarse
en una acción más fecunda, y más buena. Por ejemplo: plantea en “Moral para
Intelectuales” el problema de los fundamentos como problema de los
sentimientos que se suponen en la base de la actitud moral. Sugiere: a los
planteos de Guyau y de Nietzsche la integración de los distintos sentimientos,
tener en cuenta uno y otro, no moverse en el campo estrecho de las
sistematizaciones “que nos cristalizan el espíritu, nos quitan la movilidad, la
plasticidad que caracteriza la vida y la progresividad intelectual y moral”[10].
La gran mayoría de los sistemas morales han puesto en la base de ésta un tipo
de sentimientos, con olvido de los otros, he allí sus errores. En la “Lógica
Viva”, se hace más explícito este núcleo de ideas. “La moral ha sido hecha
hasta ahora por sistemas cerrados, cada uno de los cuales se ha condenado a no
tener en cuenta más que uno solo de los factores posibles
de la conducta”. Para unos será la simpatía, para otros el placer, o la
utilidad colectiva, o el progreso. Para Vaz Ferreira en cambio, todos esos
factores, y otros muchos más, tienen valor. El hombre sobre la tierra tiene que
tener en cuenta el placer, la utilidad, el progreso, etc., y aún “las
hipótesis, posibilidades o esperanzas que se relacionan con lo desconocido”.
Por otro lado, es notoria la ambigüedad
del término fundamentos, que no es casual sino derivada de la índole misma de
la ética. Al hablar de “fundamentos” Vaz Ferreira da a entender que habla de
los sistemas de los modos de interpretar las raíces de la actitud moral;
por otro lado, desplaza la significación de “fundamentos” a la de móviles
efectivos de la acción moral. Es en el capítulo “Principios” de “Fermentario”
donde Vaz Ferreira va a hacer frente al problema teórico del fundamento de la
moral. Se enfrenta allí dos posiciones: la
que entiende necesario formar clases de actos para valuar cada uno de ellos
y la que prescinde de toda clasificación
y funda una moral solo por el fin buscado. Analizando y rechazando esta
segunda posición, Vaz Ferreira muestra sus diferencias con respecto a los
utilitaristas empíricos, que
examinaban cada acto teniendo en cuenta las consecuencias favorables o
no para el placer o para la utilidad.
Se separa, además, con respecto a las
morales del sentimiento, es decir a aquellas interpretaciones que reducen
la ética a ontología, el deber ser, a impulsiones pre-existentes en el
espíritu. Esquematizando diríamos: que el empirismo reduce el
deber ser al ser, en tanto que en
Vaz Ferreira se ubica el deber ser, en el ser del hombre. La distancia
con las morales de la trascendencia, de la norma o el valor persiste por
cuanto en éstas se da un dualismo entre deber ser y ser.
Para superar este sofisma distingue Vaz Ferreira los principios convertibles de los
inconvertibles.
Los verdaderos principios, lo
"principios en el buen sentido" son los convertibles, los que se
pueden convertir en acción, integrarse a la práctica y determinar su flecha.
“Son formulaciones que condensan experiencia, que condensan previsión, comprendiendo
resultados poco visibles, resultados remotos, y sobre todo ese conjunto de
efectos que son imprevisibles en su determinación concreta pero cuyo signo y
cuyo valor se pueden prever por una especie de anticipación racionalizable o
intuitiva”[11].
Los principios deben de estar grávidos de acción, el precepto que indica “como
actuar” solo tiene sentido si condensa en él la sabiduría de la experiencia. La
vida del hombre es un continuo de acciones que se influyen entre sí y con los
de los otros; como el pensamiento, la acción se define en referencia a un
contexto. De ahí que los principios deben tener en cuenta las
consecuencias, inmediatas y remotas de cada acción, y apreciar esos efectos
posibles en función de su signo, es decir por el valor que encierra a la
acción y el valor que tiende a engendrar: “Todas las consecuencias
imprevisibles en especie concreta, pero previsibles en valor y en dirección
(signo moral)”[12].
Actuar moralmente es incorporar bien, “hacer el bien” o “efectuarlo”, producirlo
para otros, en el mundo. El bien tiene para Vaz ese rostro práctico,
vivo, efectivo, implica trascendencia o dádiva del sujeto; y esto lo pone en
oposición a las morales de la subjetividad, aquéllas para las cuales lo
moral está en la mera pureza de la voluntad agente. Por eso quien actúa debe
tensar su espíritu para descubrir no sólo el valor intrínseco de su acción sino
también su signo moral, el valor de
la dirección de efectos que introduce.
Es por esto que las facultades
espirituales de la moral son la razón y el sentimiento. El sentimiento que
descubre lo bueno, la razón que determina el contexto de las acciones, lo
bueno o lo malo que son capaces de engendrar.
Por
el sentimiento se revela el valor, por
la experiencia aclarada por la razón se
revelan las consecuencias de valor de las acciones. Dice Vaz
Ferreira "el ideal del hombre debe ser sentir, no ya sólo por el
razonamiento, sino por algo más delicado aún, por una especie de instinto, lo
bueno y lo verdadero; hacer, diremos, que nuestra alma sea como un aparato
sensible, que sienta y revele lo bueno y lo verdadero como un delicado
receptor"[13].
Sentimiento y razón son los dos polos de
la actitud moral. Sentimiento para instalarlos en la necesidad de valor, razón
para incorporarlos a lo real. Así,
"La razón que se tenga tiende a reforzar y no a disminuir el sentimiento
que se tenga". La razón incorpora realidad al designio moral y lo hace por
esto más profundo en sí y más efectivo.
Reconoce de esta forma Vaz Ferreira la
primordialidad del sentimiento en el advenimiento de la moralidad. En sus
lecciones de “Moral para Intelectuales” insiste en que no intenta crear
moralidad sino enseñar a utilizar la que se tiene. La moral que se tenga o
no se tenga es un irreductible, depende de los sentimientos morales, pero
aun poseyéndolos, es posible caer en la inmoralidad. Se distingue dos tipos de
inmoralidad: la que resulta de la carencia de la base afectiva y la que
proviene de un descuido moral, de una desatención o inconciencia en el pasaje a
la acción: “Pero, lo que aquí nos interesaría,
es la otra clase de inmoralidad, la que no corresponde a la falta real de
moralidad en el sujeto, sino a descuido, a inconciencia; contra esas formas de
inmoralidad, conviene estar en guardia, porque, a consecuencia de ellas, no se
desarrolla toda la moralidad que realmente se tiene”[14].
De acuerdo a esta concepción Vaz
Ferreira distingue dos tipos de “moralizadores”, usando la metáfora de la
barquilla y los globos: hay hombres que suben muy alto pero sin carga, como el
globo sin barquilla. Esta “moralidad” es nominal, declaratoria, no incorpora
realidad. “Lo que tiene valor es subir todo lo que se pueda, levantando la
carga; que la moral se lleve todo lo alto posible, levantando la conducta”. Es
moralmente más valioso, no quien propone siempre la idealidad plena, sino quien
articula el mayor bien con las posibilidades reales; ese es el que “piensa
realizable”, el que siente moralmente y estructura su acción con lucidez para
ir más lejos en la dirección del bien: “En tanto que hay otra manera de moralizar
en que se siente que el que habla maneja una masa densa de posibilidades; tiene
que luchar la resistencia de algo, que son las dificultades de la acción ya
concebida e intuida”[15].
En fin, así llegamos a esa "Moral
Viva" que es el análisis de la acción moral como intento efectivo y
concreto de incorporar valores a lo real. Es la ética estudiada desde la
perspectiva, de sus "condiciones de posibilidad", humanas y
objetivas.
2.2. Moralidad del funcionario público. Transcribo:
·
“.. al país debe servírsele siempre que, (…)
no esté el ciudadano obligado a hacer ninguna inmoralidad ni grande ni pequeña,
y siempre que,… esos servicios no contribuyan a prestigiar al gobierno que sea
oprobioso”[16].
·
Cuando el inferior “se reputa injustamente
acusado o injustamente agredido por el superior, y abandona el cargo;
generalmente, es una debilidad”[17].
·
“El voto debe reservarse; deben examinarse
todos los candidatos posibles, y, cuando llegue el momento de dar el voto,
darlo entonces a quien más lo merezca. A la persona que pida un voto, deben
hacérsele también estas explicaciones”[18].
·
Hay varios tipos de funcionarios: “Los hay
que son duros, rígidos con los inferiores; pero, para con los superiores, son
también enérgicos y fuertes. Esas personas, cualquiera que sea el juicio que merezcan,
tienen siempre mucho, o algo por lo menos, de respetable”[19].
3. Acerca de su PENSAMIENTO PEDAGÓGICO: Mtra. Verónica
Amaral.
Ninguna forma de homenajear a Vaz
Ferreira, pedagogo, puede ser más
coherente que leer sus obras. Esa es mi recomendación inicial a mis alumnos.
Pero los profesores debemos presentárselos primero y ello intento. Escribir
sobre él me produce, como primera impresión, la sensación de pequeñez ante un
grande, pero inmediatamente recupero mi confianza en mí misma también a través
de sus ideas y de la riqueza de otros pedagogos que nos enseñan que la
verdadera humildad consiste en compartir con otros aquello en que creemos y lo
que hemos aprendido a lo largo de nuestra ruta.
Los maestros uruguayos de mi generación,
al igual que la mayoría de los intelectuales compatriotas, fuimos fuertemente influenciados por el
pensamiento de Vaz Ferreira. Hoy, como docente del Instituto de Formación
Docente de Rocha, me pregunto si he hecho suficiente para alentar a mis alumnos
a leerlo. Sin embargo, me alegra reconocer en mi accionar pedagógico tanto en
Primaria como en el Instituto, un sustento teórico marcado por algunas de sus
ideas principales, tales como
- el amor al saber por el saber
mismo.
- el valor de estudiar en la obra
fuente
- el desconfiar de las soluciones
rígidas, así como de la excesiva simplificación.
- la noción de que en Pedagogía no
hay libros sagrados ni reglas generalísimas.
- el mantenerse alerta para no tomar
por contradictorio aquello que es complementario.
- el enseñar teniendo en cuenta el
escalonamiento y la penetrabilidad, junto con el valor de las ideas
fermentales.
- el valorar la teoría como
indispensable pero, a la vez, confiar en la propia experiencia.
- la noción de que lo humano es lo
primordial y por lo tanto los docentes deben ser ejemplo ético.
Intentaré profundizar en
algunas, aunque todas se suponen unas a otras. También es interesante reconocer
cómo las ideas de V. F. fundamentan nociones de otros autores uruguayos
(Agustín Ferreiro, Clemente Estable, por ejemplo) y coinciden con otros autores
extranjeros de diversos orígenes y épocas (Freire, Morin).
Releyendo sus “Conferencias”
encuentro que habla de dos temas que preocupan hoy al Magisterio Nacional: la
rigidez de la formación inicial de nuestros maestros en algunas épocas
históricas y el deseo y compromiso de todos de lograr formas superiores de
aprender y de enseñar.
Durante la dictadura 1973/85,
en pleno paradigma tecnicista, se
presentó en la formación docente una característica que V. F. observaba en
Berra, muchos años antes (1903): “No hay más que un modo de enseñar bien cada
clase de conocimiento. No enseñar de ese modo es enseñar mal”. Responde Vaz F.
“En Pedagogía no existen reglas generalísimas, absolutas, que puedan
seguirse a ciegas deductivamente, sino algunas ideas directrices, más o menos
generales, más o menos fecundas, que se complementan y que a veces se corrigen
y limitan unas a otras. Tener conciencia completa de esas ideas directrices, de
su valor y de su alcance, no es precisamente indispensable para ser un buen
educador; pero es útil, en la teoría y en la práctica, sobre todo como
preventivo contra la unilateralidad”. (“Dos ideas directrices y su
valor respectivo”, el subrayado es mío). Más adelante leemos: “Los hombres
de esta variedad mental ven todo de una manera simple, y para ellos clara.
Tienen todo resuelto, aunque en un círculo inferior, y es muy difícil
discutirles esas soluciones, porque rebajan, achican, empobrecen o desnaturalizan
nuestros argumentos, por el solo hecho de apercibirlos, para darles lugar así
dentro de sus rígidos esquemas mentales y aplicarles sus fórmulas hechas. No
tienen matices de creencias; ignoran la duda e ignoran la ignorancia”. Todo
lo que hagamos para generar en los jóvenes amplitud de criterio, búsqueda
personal del conocimiento y la verdad, confianza en sí mismos y trabajo
conjunto, será un paso dado en la dirección que V. F. indica.
Entre
las ideas directrices destaca el aprender por escalonamiento o por
penetrabilidad. Mientras en el primero el maestro va “suministrando al niño
materia pedagógica preparada y adaptada para su edad”, en la segunda se
presentan al niño conocimientos, obras, libros, etc a los cuales el niño se va
aproximando (usando el término que para un concepto similar usa Vitgosky) y
penetrando “a medida que se vayan desarrollando sus propias aptitudes”.
Destaca cómo en la vida pre escolar se aprende fundamentalmente por
penetración, en contacto con la familia, el medio, etc y cómo también es así en
la vida post escolar. Ello nos deja claro que el fraccionar el conocimiento, el
escalonamiento, solo se usa en la escuela, en la educación formal, como técnica
pensada expresamente para enseñar aquello que no puede aprenderse de otro modo
o en otro ámbito. Sin embargo, lo lógico es que el maestro utilice ambas, pues,
lejos de ser contradictorias, son complementarias.
En su “Proyecto sobre
organización de la Enseñanza Normal” 1903, sostiene que nuestro país tropieza
con un gran obstáculo para mejorar la formación de maestros (¡ayer y hoy!): la
exigüidad del presupuesto. Destaca, además, cómo las propuestas varían y
mientras hay quienes buscan el perfeccionamiento de las instituciones
existentes, otros desearían su supresión (todo parecido con la realidad actual
no es mera coincidencia sino muestra de cómo los problemas no se han resuelto
sino reconvertido, cambiado de forma pero no solucionado y, por ello, necesitan
de nuestro esfuerzo sostenido). Sostiene que la práctica no debería hacerse
exclusivamente en las “Escuelas de Aplicación” sino también en otras y entiende
por práctica no sólo el dar lecciones y
hacer su crítica, sino la observación y ejercitación de las demás funciones
escolares. Por último, sostiene que debe haber Escuelas Normales en todo el
país (recordemos que en su momento existían sólo el Instituto de Señoritas y el
de Varones, ambos en Montevideo).
Aún habiéndose hecho realidad
algunos de sus planteos, tenemos siempre pendiente la tarea de perfeccionar lo
existente, cada uno desde su rol pero trabajando juntos y responsabilizándonos
de nuestro crecimiento personal para asegurar así el crecimiento de la Escuela
Pública. Leamos a Vaz Ferreira pero no para quedarnos sólo con su palabra, ella
nos incita a la búsqueda permanente, al crecimiento y la superación.
Los verdaderos principios, lo
"principios en el buen sentido" son los convertibles, los que se
pueden convertir en acción, integrarse a la práctica y determinar su flecha.
“Son formulaciones que condensan experiencia, que condensan previsión, comprendiendo
resultados poco visibles, resultados remotos, y sobre todo ese conjunto de
efectos que son imprevisibles en su determinación concreta pero cuyo signo y
cuyo valor se pueden prever por una especie de anticipación racionalizable o
intuitiva”[20].
Los principios deben de estar grávidos de acción, el precepto que indica “como
actuar” solo tiene sentido si condensa en él la sabiduría de la experiencia. La
vida del hombre es un continuo de acciones que se influyen entre sí y con los
de los otros; como el pensamiento, la acción se define en referencia a un
contexto. De ahí que los principios deben tener en cuenta las
consecuencias, inmediatas y remotas de cada acción, y apreciar esos efectos
posibles en función de su signo, es decir por el valor que encierra a la
acción y el valor que tiende a engendrar: “Todas las consecuencias
imprevisibles en especie concreta, pero previsibles en valor y en dirección
(signo moral)”[21].
Actuar moralmente es incorporar bien, “hacer el bien” o “efectuarlo”, producirlo
para otros, en el mundo. El bien tiene para Vaz ese rostro práctico,
vivo, efectivo, implica trascendencia o dádiva del sujeto; y esto lo pone en
oposición a las morales de la subjetividad, aquéllas para las cuales lo
moral está en la mera pureza de la voluntad agente. Por eso quien actúa debe
tensar su espíritu para descubrir no sólo el valor intrínseco de su acción sino
también su signo moral, el valor de
la dirección de efectos que introduce.
Es por esto que las facultades
espirituales de la moral son la razón y el sentimiento. El sentimiento que
descubre lo bueno, la razón que determina el contexto de las acciones, lo
bueno o lo malo que son capaces de engendrar.
Por
el sentimiento se revela el valor, por
la experiencia aclarada por la razón se
revelan las consecuencias de valor de las acciones. Dice Vaz
Ferreira "el ideal del hombre debe ser sentir, no ya sólo por el
razonamiento, sino por algo más delicado aún, por una especie de instinto, lo
bueno y lo verdadero; hacer, diremos, que nuestra alma sea como un aparato
sensible, que sienta y revele lo bueno y lo verdadero como un delicado
receptor"[22].
Sentimiento y razón son los dos polos de
la actitud moral. Sentimiento para instalarlos en la necesidad de valor, razón
para incorporarlos a lo real. Así,
"La razón que se tenga tiende a reforzar y no a disminuir el sentimiento
que se tenga". La razón incorpora realidad al designio moral y lo hace por
esto más profundo en sí y más efectivo.
Reconoce de esta forma Vaz Ferreira la
primordialidad del sentimiento en el advenimiento de la moralidad. En sus
lecciones de “Moral para Intelectuales” insiste en que no intenta crear
moralidad sino enseñar a utilizar la que se tiene. La moral que se tenga o
no se tenga es un irreductible, depende de los sentimientos morales, pero
aun poseyéndolos, es posible caer en la inmoralidad. Se distingue dos tipos de
inmoralidad: la que resulta de la carencia de la base afectiva y la que
proviene de un descuido moral, de una desatención o inconciencia en el pasaje a
la acción: “Pero, lo que aquí nos interesaría,
es la otra clase de inmoralidad, la que no corresponde a la falta real de
moralidad en el sujeto, sino a descuido, a inconciencia; contra esas formas de
inmoralidad, conviene estar en guardia, porque, a consecuencia de ellas, no se
desarrolla toda la moralidad que realmente se tiene”[23].
De acuerdo a esta concepción Vaz
Ferreira distingue dos tipos de “moralizadores”, usando la metáfora de la
barquilla y los globos: hay hombres que suben muy alto pero sin carga, como el
globo sin barquilla. Esta “moralidad” es nominal, declaratoria, no incorpora
realidad. “Lo que tiene valor es subir todo lo que se pueda, levantando la
carga; que la moral se lleve todo lo alto posible, levantando la conducta”. Es
moralmente más valioso, no quien propone siempre la idealidad plena, sino quien
articula el mayor bien con las posibilidades reales; ese es el que “piensa
realizable”, el que siente moralmente y estructura su acción con lucidez para
ir más lejos en la dirección del bien: “En tanto que hay otra manera de moralizar
en que se siente que el que habla maneja una masa densa de posibilidades; tiene
que luchar la resistencia de algo, que son las dificultades de la acción ya
concebida e intuida”[24].
En fin, así llegamos a esa "Moral
Viva" que es el análisis de la acción moral como intento efectivo y
concreto de incorporar valores a lo real. Es la ética estudiada desde la
perspectiva, de sus "condiciones de posibilidad", humanas y
objetivas.
2.2. Moralidad del funcionario público. Transcribo:
·
“.. al país debe servírsele siempre que, (…)
no esté el ciudadano obligado a hacer ninguna inmoralidad ni grande ni pequeña,
y siempre que, … esos servicios no contribuyan a prestigiar al gobierno que sea
oprobioso”[25].
·
Cuando el inferior “se reputa injustamente
acusado o injustamente agredido por el superior, y abandona el cargo;
generalmente, es una debilidad”[26].
·
“El voto debe reservarse; deben examinarse
todos los candidatos posibles, y, cuando llegue el momento de dar el voto,
darlo entonces a quien más lo merezca. A la persona que pida un voto, deben
hacérsele también estas explicaciones”[27].
·
Hay varios tipos de funcionarios: “Los hay
que son duros, rígidos con los inferiores; pero, para con los superiores, son
también enérgicos y fuertes. Esas personas, cualquiera que sea el juicio que merezcan,
tienen siempre mucho, o algo por lo menos, de respetable”[28].
3. Acerca de su PENSAMIENTO PEDAGÓGICO: Mtra. Verónica
Amaral.
Ninguna forma de
homenajear a Vaz Ferreira, pedagogo,
puede ser más coherente que leer sus obras. Esa es mi recomendación
inicial a mis alumnos. Pero los profesores debemos presentárselos primero y
ello intento. Escribir sobre él me produce, como primera impresión, la
sensación de pequeñez ante un grande, pero inmediatamente recupero mi confianza
en mí misma también a través de sus ideas y de la riqueza de otros pedagogos
que nos enseñan que la verdadera humildad consiste en compartir con otros
aquello en que creemos y lo que hemos aprendido a lo largo de nuestra ruta.
Los maestros uruguayos
de mi generación, al igual que la mayoría de los intelectuales
compatriotas, fuimos fuertemente
influenciados por el pensamiento de Vaz Ferreira. Hoy, como docente del
Instituto de Formación Docente de Rocha, me pregunto si he hecho suficiente
para alentar a mis alumnos a leerlo. Sin embargo, me alegra reconocer en mi
accionar pedagógico tanto en Primaria como en el Instituto, un sustento teórico
marcado por algunas de sus ideas principales, tales como
- el amor al saber por el saber
mismo.
- el valor de estudiar en la obra
fuente
- el desconfiar de las soluciones
rígidas, así como de la excesiva simplificación.
- la noción de que en Pedagogía no
hay libros sagrados ni reglas generalísimas.
- el mantenerse alerta para no tomar
por contradictorio aquello que es complementario.
- el enseñar teniendo en cuenta el
escalonamiento y la penetrabilidad, junto con el valor de las ideas
fermentales.
- el valorar la teoría como
indispensable pero, a la vez, confiar en la propia experiencia.
- la noción de que lo humano es lo
primordial y por lo tanto los docentes deben ser ejemplo ético.
Intentaré profundizar en
algunas, aunque todas se suponen unas a otras. También es interesante reconocer
cómo las ideas de V. F. fundamentan nociones de otros autores uruguayos
(Agustín Ferreiro, Clemente Estable, por ejemplo) y coinciden con otros autores
extranjeros de diversos orígenes y épocas (Freire, Morin).
Releyendo sus “Conferencias”
encuentro que habla de dos temas que preocupan hoy al Magisterio Nacional: la
rigidez de la formación inicial de nuestros maestros en algunas épocas
históricas y el deseo y compromiso de todos de lograr formas superiores de
aprender y de enseñar.
Durante la dictadura 1973/85,
en pleno paradigma tecnicista, se
presentó en la formación docente una característica que V. F. observaba en
Berra, muchos años antes (1903): “No hay más que un modo de enseñar bien cada
clase de conocimiento. No enseñar de ese modo es enseñar mal”. Responde Vaz F.
“En Pedagogía no existen reglas generalísimas, absolutas, que puedan
seguirse a ciegas deductivamente, sino algunas ideas directrices, más o menos
generales, más o menos fecundas, que se complementan y que a veces se corrigen
y limitan unas a otras. Tener conciencia completa de esas ideas directrices, de
su valor y de su alcance, no es precisamente indispensable para ser un buen
educador; pero es útil, en la teoría y en la práctica, sobre todo como
preventivo contra la unilateralidad”. (“Dos ideas directrices y su
valor respectivo”, el subrayado es mío). Más adelante leemos: “Los hombres
de esta variedad mental ven todo de una manera simple, y para ellos clara.
Tienen todo resuelto, aunque en un círculo inferior, y es muy difícil
discutirles esas soluciones, porque rebajan, achican, empobrecen o desnaturalizan
nuestros argumentos, por el solo hecho de apercibirlos, para darles lugar así
dentro de sus rígidos esquemas mentales y aplicarles sus fórmulas hechas. No
tienen matices de creencias; ignoran la duda e ignoran la ignorancia”. Todo
lo que hagamos para generar en los jóvenes amplitud de criterio, búsqueda
personal del conocimiento y la verdad, confianza en sí mismos y trabajo
conjunto, será un paso dado en la dirección que V. F. indica.
Entre
las ideas directrices destaca el aprender por escalonamiento o por
penetrabilidad. Mientras en el primero el maestro va “suministrando al niño
materia pedagógica preparada y adaptada para su edad”, en la segunda se
presentan al niño conocimientos, obras, libros, etc a los cuales el niño se va
aproximando (usando el término que para un concepto similar usa Vitgosky) y
penetrando “a medida que se vayan desarrollando sus propias aptitudes”.
Destaca cómo en la vida pre escolar se aprende fundamentalmente por
penetración, en contacto con la familia, el medio, etc y cómo también es así en
la vida post escolar. Ello nos deja claro que el fraccionar el conocimiento, el
escalonamiento, solo se usa en la escuela, en la educación formal, como técnica
pensada expresamente para enseñar aquello que no puede aprenderse de otro modo
o en otro ámbito. Sin embargo, lo lógico es que el maestro utilice ambas, pues,
lejos de ser contradictorias, son complementarias.
En su “Proyecto sobre
organización de la Enseñanza Normal” 1903, sostiene que nuestro país tropieza
con un gran obstáculo para mejorar la formación de maestros (¡ayer y hoy!): la
exigüidad del presupuesto. Destaca, además, cómo las propuestas varían y
mientras hay quienes buscan el perfeccionamiento de las instituciones
existentes, otros desearían su supresión (todo parecido con la realidad actual
no es mera coincidencia sino muestra de cómo los problemas no se han resuelto
sino reconvertido, cambiado de forma pero no solucionado y, por ello, necesitan
de nuestro esfuerzo sostenido). Sostiene que la práctica no debería hacerse
exclusivamente en las “Escuelas de Aplicación” sino también en otras y entiende
por práctica no sólo el dar lecciones y
hacer su crítica, sino la observación y ejercitación de las demás funciones
escolares. Por último, sostiene que debe haber Escuelas Normales en todo el
país (recordemos que en su momento existían sólo el Instituto de Señoritas y el
de Varones, ambos en Montevideo).
Aún habiéndose hecho realidad
algunos de sus planteos, tenemos siempre pendiente la tarea de perfeccionar lo
existente, cada uno desde su rol pero trabajando juntos y responsabilizándonos
de nuestro crecimiento personal para asegurar así el crecimiento de la Escuela
Pública. Leamos a Vaz Ferreira pero no para quedarnos sólo con su palabra, ella
nos incita a la búsqueda permanente, al crecimiento y la superación.
[1] Similar a lo planteado por Kant en: ¿Qué es la Ilustración?
[4] Este tema se puede plantear a partir de cinco textos
fundamentales: En "Moral para Intelectuales", apartado "actitud
hacia los sistemas y actitud moral en general". En "Lógica
Viva", Capítulo: "Pensar por sistemas y pensar por ideas a tener en
cuenta". En una Conferencia dictada en cátedra en 1915 sobre
"Enseñanza Moral" y reiterada en 1952. En "Extracto de
Ideario", conferencias en cátedra de 1951 en que intenta resumir los
principales planteos de su obra. Y en "Fermentarlo", Capítulo:
"Principios".
[5] Carlos Vaz Ferreira, Moral para
Intelectuales, págs. 201-202, Homenaje de la Cámara de Representantes de la República Oriental
del Uruguay, 1963. Montevideo.
[6] Similar a lo planteado por Kant en: ¿Qué es la Ilustración ?.
[9] Este tema se puede plantear a partir de cinco textos
fundamentales: En "Moral para Intelectuales", apartado "actitud
hacia los sistemas y actitud moral en general". En "Lógica
Viva", Capítulo: "Pensar por sistemas y pensar por ideas a tener en
cuenta". En una Conferencia dictada en cátedra en 1915 sobre
"Enseñanza Moral" y reiterada en 1952. En "Extracto de
Ideario", conferencias en cátedra de 1951 en que intenta resumir los
principales planteos de su obra. Y en "Fermentarlo", Capítulo:
"Principios".
[10] Carlos Vaz Ferreira, Moral para
Intelectuales, págs. 201-202, Homenaje de la Cámara de Representantes de la República Oriental
del Uruguay, 1963. Montevideo.
[11] Carlos Vaz Ferreira, Fermentario, pág.
31, Homenaje de la Cámara
de Representantes de la
República Oriental del Uruguay, 1963. Montevideo.
[12] Ibíd. p. 35.
[13] Moral para Intelectuales. Ob. cit., p. 212.
[14] Moral para Intelectuales. Ob. cit., p. 85.
[15] Fermentario. Ob. cit. p. 42-3.
[16] Moral para Intelectuales. Ob. cit., p. 104
[17] Moral para Intelectuales. Ob. cit., p. 107
[18] Moral para Intelectuales. Ob. cit., p. 110
[19] Moral para Intelectuales, Ob. cit., p. 119.
[20] Carlos Vaz Ferreira, Fermentario, pág.
31, Homenaje de la Cámara
de Representantes de la
República Oriental del Uruguay, 1963. Montevideo.
[21] Ibíd. p. 35.
[22] Moral para Intelectuales. Ob. cit., p. 212.
[23] Moral para Intelectuales. Ob. cit., p. 85.
[24] Fermentario. Ob. cit. p. 42-3.
[25] Moral para Intelectuales. Ob. cit., p. 104
[26] Moral para Intelectuales. Ob. cit., p. 107
[27] Moral para Intelectuales. Ob. cit., p. 110
[28] Moral para Intelectuales, Ob. cit., p. 119.
Comentarios
Publicar un comentario